Genelle Guzman-McMillan quedó sepultada durante 27 horas bajo los escombros del World Trade Center después del colapso de la Torre Norte durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Su historia, marcada por una oración desesperada y una posterior conversión a la fe cristiana, continúa siendo compartida 25 años después de la tragedia.
Guzman trabajaba para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey en el piso 64 de la Torre Norte. Tras el impacto del primer avión, ella y varios compañeros permanecieron inicialmente dentro del edificio antes de comenzar el descenso por las escaleras.
Cuando el grupo había llegado aproximadamente al piso 13, Genelle se detuvo para quitarse sus zapatos de tacón. En ese momento la torre comenzó a derrumbarse y quedó atrapada entre toneladas de concreto y acero, con sus piernas inmovilizadas y prácticamente sin posibilidad de moverse.
Durante las largas horas bajo los escombros, recordó la fe cristiana que había conocido durante su infancia y comenzó a orar. Aunque reconoció que en aquel momento no llevaba una vida dedicada a Dios, pidió una segunda oportunidad y prometió cambiar si lograba sobrevivir.
En su testimonio, Guzman relata que mientras clamaba por ayuda sintió que alguien tomó su mano. Según ella, una voz se identificó como “Paul” y le aseguró que todo estaría bien mientras los equipos de rescate se aproximaban.
Finalmente, los rescatistas lograron localizarla y liberarla. Después de 27 horas atrapada, se convirtió en la última persona encontrada con vida entre los escombros del World Trade Center.
Durante años, Genelle interpretó aquel encuentro con “Paul” como una intervención sobrenatural. Tiempo después, un bombero llamado Paul Somin contó que había participado en su localización y había sujetado su brazo durante el rescate. Ambos llegaron a encontrarse personalmente, aunque Guzman continuó considerando que había un misterio detrás de lo sucedido.
Tras salir del hospital, decidió cumplir la promesa que había hecho bajo los escombros: buscó a un pastor, pidió ser bautizada y comenzó a compartir públicamente su testimonio de fe. También relató su historia en el libro «Angel in the Rubble».
Con el paso de los años, Guzman ha insistido en que no considera su supervivencia simplemente producto de la suerte. Al recordar lo ocurrido ha descrito su vida como resultado de la gracia de Dios y ha utilizado su experiencia para hablar de fe, esperanza y segundas oportunidades.
Su historia recuerda que aun en momentos donde humanamente parece no existir salida, la oración puede convertirse en el último clamor de esperanza.
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” – (Jeremías 33:3