El croata Filip Hrgović, de 34 años, se convirtió en campeón mundial de peso pesado de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) tras derrotar al británico Moses Itauma el sábado 29 de agosto en la O2 Arena de Londres. La pelea terminó por nocaut técnico en el noveno asalto, dándole a Hrgović el cinturón mundial que estaba vacante.
Itauma, de 21 años, llegaba invicto y como favorito. El joven británico dominó buena parte del combate e incluso derribó a Hrgović en el segundo asalto, pero el croata soportó el castigo, siguió peleando y terminó aprovechando el cansancio de su rival para darle vuelta a una pelea que parecía escaapársele.
Pero cuando llegó el momento de celebrar, Hrgović no se puso a sí mismo en el centro. Frente a las cámaras, todavía sobre el ring, declaró abiertamente: “No fui yo esta noche. Fue Jesucristo en mí”, y enseguida habló del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo al explicar lo que había vivido durante el combate.
El campeón reconoció que estaba siendo superado y que había perdido los asaltos anteriores. Según su propio testimonio, ni siquiera sabía de dónde había sacado fuerzas para reaccionar en el noveno round, por lo que atribuyó aquella resistencia y energía al Espíritu Santo.
Hrgović también agradeció por las personas que estuvieron detrás de su preparación. Mencionó a su entrenador Abel Sánchez, a su mánager Keith Connolly, a su sobrino Antonio y a otros integrantes de su equipo, afirmando que Dios había puesto las personas correctas en su camino. Al final resumió su gratitud diciendo: “Gracias a mi Señor Jesucristo”.
Su testimonio no terminó en el ring. En una entrevista posterior, cuando una periodista le preguntó qué lo había mantenido firme durante los años más duros de su carrera, Hrgović señaló el colgante que llevaba y respondió que había sido Jesús. También reconoció que atravesó momentos en los que se sintió perdido, confundido, desesperado y solo.
En esos tiempos difíciles, explicó, su refugio no fueron la fama ni el dinero: “Solo tenía a Jesús, la Biblia y la oración”. El boxeador aseguró además que durante los últimos diez años ha orado constantemente y ha asistido a la iglesia, mostrando que su declaración después de ganar el cinturón no apareció únicamente por la emoción de esa noche.
Hrgović dijo incluso estar agradecido por muchas de las dificultades que atravesó, porque considera que terminaron acercándolo más a Dios. Explicó que cuando todo marcha bien una persona puede llegar a creer que puede hacerlo todo por sí misma, pero que los golpes de la vida pueden llevarla a reconocer cuánto necesita de Dios.
La pelea también dejó una imagen dura. Itauma tuvo que salir del ring en camilla y fue trasladado a un hospital después de sufrir su primera derrota profesional. Hrgović, lejos de despreciar al joven rival después de vencerlo, elogió su talento y afirmó que él representa el futuro de la división de los pesos pesados.
Hrgović salió aquella noche con el cinturón más importante de su carrera, pero sus primeras palabras no fueron para presumir de fuerza, técnica o grandeza personal. Después de años de dificultades y de una pelea en la que estuvo contra las cuerdas, el nuevo campeón eligió hablar de Jesús, la Biblia, la oración y el Espíritu Santo, dejando una confesión de fe clara frente a millones de aficionados al boxeo.