Yele, hija del reconocido cantante puertorriqueño Wisin, sorprendió al hablar abiertamente del proceso espiritual que, según ella, está viviendo su padre. Durante una entrevista en el podcast de Jaydan, la joven de 18 años afirmó: “El Señor me está usando a mí para que él también se acerque a Dios”, una declaración con la que dejó claro que su música cristiana también tiene un propósito dentro de su propia familia.
Yelena Luna Morera, conocida artísticamente como Yele, está intentando construir su propio camino lejos de la fama de su padre. La joven reconoció que ser hija de Wisin le ha abierto oportunidades, pero también le ha traído una fuerte presión, comparaciones y la idea equivocada de que todo le ha sido entregado fácilmente. Ella insiste en que debe estudiar, ir al estudio, trabajar y prepararse como cualquier otra persona que quiera desarrollar una carrera.
Su decisión de cantar sobre Jesús tampoco apareció de un día para otro. Yele creció dentro de la fe cristiana y que desde pequeña sintió el deseo de cantar y adorar a Dios. En marzo de 2026 presentó “Bueno”, uno de los temas con los que comenzó formalmente esta nueva etapa, centrada en la gratitud, la fe y la presencia de Dios.
El proyecto tiene además una conexión directa con Wisin. El propio artista creó La Base de Fe, una división de La Base Music Group dedicada a desarrollar música con contenido cristiano y una visión espiritual contemporánea. Yele se convirtió en una de las primeras figuras de esta iniciativa, que busca utilizar sonidos actuales sin esconder un mensaje centrado en Dios.
Durante años, Wisin ha hecho referencias públicas a Dios, especialmente en momentos extremadamente dolorosos de su vida. Lo que su hija describe, según su propio testimonio, es un acercamiento más profundo y personal del artista al Señor.
Uno de los procesos que marcó brutalmente a la familia ocurrió en 2016 con Victoria, la tercera hija de Wisin y su esposa, Yomaira Ortiz. Durante el embarazo, la niña fue diagnosticada con trisomía 13 o síndrome de Patau. Yomaira explicó entonces que los médicos les presentaron la posibilidad de interrumpir el embarazo, pero la pareja decidió continuar debido a sus convicciones y su fe en Dios. Victoria falleció aproximadamente un mes después de nacer.
Wisin ha reconocido públicamente que perder a Victoria fue una de las experiencias más duras de toda su vida. Años después habló del dolor que todavía llevaba consigo y de cómo aquel golpe cambió su manera de ver cosas que antes creía poder controlar. En otra entrevista, al recordar enfermedades y pérdidas dentro de su familia, afirmó que “Dios tiene el control absoluto de todo”. No fue un discurso pronunciado desde la comodidad, sino después de atravesar una pérdida que, según él mismo ha admitido, nunca termina de cicatrizar.
La familia volvió a vivir un momento profundamente significativo con el nacimiento de Daniel Jeremías años después. Wisin recordó que después de perder a Victoria ni siquiera imaginaba volver a tener otro bebé, y describió la llegada saludable de Daniel como un regalo que transformó nuevamente su perspectiva. Al hablar de ese nacimiento aseguró que comprendió que los milagros existen y declaró: “Dios tuvo misericordia de nosotros”.
Ahora es su propia hija mayor quien asegura estar viendo otro proceso dentro de casa. Yele explicó que cuando mira a Wisin no piensa primero en la estrella internacional, sino en su padre, y destacó lo que observa en él como esposo, amigo y cabeza de familia. Según su testimonio, está viendo cómo se acerca más al Señor y cómo su vida personal busca honrar a Dios.
Mientras tanto, Yele sigue colocando a Jesús en el centro de su propuesta musical. Tras canciones como “Bueno” y “28/7”, inspirada en Salmos 28:7, recientemente presentó junto a Álex Zurdo “Voy con Jesús”, un tema dirigido especialmente a una generación que enfrenta presión para esconder o avergonzarse de su fe.
Su historia muestra una realidad poco común dentro de una familia ligada durante décadas a la música urbana: esta vez es una hija quien declara públicamente que quiere usar su voz no solo para alcanzar a desconocidos, sino también para que Cristo transforme cada vez más su propia casa.
La fe verdadera no se hereda automáticamente por llevar un apellido cristiano ni por hablar de Dios en momentos difíciles. Cada persona necesita conocer al Señor y caminar con Él personalmente. Pero el testimonio dentro del hogar puede tener un peso enorme.
A veces son los padres quienes conducen a sus hijos hacia Dios; otras veces, como Yele afirma, Dios puede usar a un hijo para despertar nuevamente el corazón de sus padres. Lo importante no es quién comenzó primero, sino que Cristo termine ocupando el lugar que le corresponde en la familia.
“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová” — Josué 24:15