La violencia en el estado de Plateau, Nigeria, ha vuelto a sacudir a las comunidades cristianas con una serie de ataques que dejaron múltiples víctimas y un clima de terror generalizado. El hecho más impactante ocurrió el domingo 20 de septiembre, cuando un pastor bautista fue emboscado y asesinado mientras se dirigía a un servicio religioso en la zona de Dorowa Babuje, dentro del área de Barkin Ladi. El ministro viajaba acompañado por un trabajador de la iglesia y su hijo; tanto él como el empleado murieron en el ataque, mientras que el hijo resultó gravemente herido por impactos de bala.
Los reportes de medios locales y cristianos señalan que la violencia no se limitó a este incidente. La noche anterior, varios pasajeros fueron interceptados por hombres armados en la ruta hacia Gana-Ropp. En total, se estima que al menos nueve personas fueron asesinadas entre el sábado 19 y el domingo 20 de septiembre en Barkin Ladi, Riyom y comunidades cercanas. Fuentes comunitarias atribuyen los ataques a presuntos militantes fulani, aunque aún no existe una determinación judicial definitiva sobre los responsables.
El periodista Masara Kim, de Truth Nigeria, quien investigaba los hechos, relató que él y su equipo fueron atacados a tiros mientras documentaban una de las matanzas. Kim logró grabar parte del ataque y entregó el material a CBN News. Su testimonio refleja el nivel de riesgo que enfrentan no solo los habitantes y creyentes, sino también quienes intentan informar sobre esta violencia recurrente. “Ha llegado el momento de pagar el precio, como lo hizo Jesús”, declaró, evidenciando la dimensión espiritual y personal del peligro que vive la prensa en la región.
Las cifras de víctimas varían según las fuentes, pero se habla de entre 9 y 13 muertos en pocos días, además de heridos y desplazados. Los ataques han obligado a suspender servicios religiosos y a que familias abandonen temporalmente sus hogares por miedo a nuevos tiroteos. Líderes comunitarios exigen mayor presencia de seguridad y justicia para los responsables.
Este episodio se suma a una larga cadena de persecuciones contra comunidades cristianas en Nigeria, donde la fe se convierte en un factor de vulnerabilidad. La situación refleja la urgencia de medidas concretas para proteger tanto a los creyentes como a los periodistas que arriesgan su vida por dar voz a las víctimas.