La violencia contra comunidades cristianas en el estado de Plateau, Nigeria, alcanzó un nuevo punto crítico después de una semana de ataques que dejó al menos 27 cristianos muertos, entre ellos un pastor que se dirigía a la iglesia. Ante una situación que amenaza con salirse aún más de control, el gobernador Caleb Mutfwang decretó un toque de queda en tres de las zonas más golpeadas.
El pastor Samuel Nandi fue asesinado durante la mañana del domingo 20 de septiembre cuando viajaba hacia un servicio religioso en Maraban Kantoma, dentro del área de Barkin Ladi. Su hijo también recibió disparos y tuvo que ser atendido médicamente. El ataque convirtió nuevamente el simple acto de dirigirse a una iglesia en una actividad mortal para creyentes de la región.
David Nanpet, quien documenta los ataques en Plateau para el Comité Internacional sobre Nigeria (ICON), confirmó el crimen y relató: “El pastor estaba camino a la iglesia. Lo atacaron y lo mataron”. Nanpet señaló que los hechos forman parte de una cadena de ataques ocurridos entre el 13 y el 20 de septiembre en distintas comunidades del estado.
La violencia se extendió por Barkin Ladi, Bokkos, Mangu, Riyom y Jos South, dejando un rastro de cadáveres, heridos y temor. En Dungus Junction, dentro de Jos South, nueve personas fueron asesinadas cuando hombres armados atacaron a pasajeros que acababan de bajar de un vehículo comercial.
También se registraron muertes en Ta-Hoss, dentro de Riyom; Vodni, en Mangu; Gana-Ropp, en Barkin Ladi; y Ndar, en Bokkos. Los ataques no se limitaron a caminos o viviendas: un mercado de agricultores en Mangu fue atacado, dejando tres muertos y siete heridos, entre ellos un bebé de apenas siete meses.
El miedo aumentó todavía más después de que residentes de la comunidad de Darwat denunciaran la presencia de un dron que aparentemente vigilaba la zona. Según Nanpet, los pobladores temían que pudiera tratarse de una operación vinculada con grupos armados que estuvieran preparando nuevos ataques, mientras los habitantes permanecían bajo la amenaza constante de otra incursión.
La sucesión de asesinatos obligó a las autoridades a endurecer las medidas de seguridad. El comandante de la Operación Enduring Peace, mayor general Maxwell Dangana, visitó algunas de las comunidades afectadas y prometió reforzar la protección. Poco después, el gobernador Mutfwang ordenó un toque de queda en Barkin Ladi, Bokkos y Mangu.
La restricción de movimiento quedó establecida desde las 6:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana, por tiempo indefinido. El gobierno afirmó que la medida busca permitir que las fuerzas de seguridad estabilicen las zonas atacadas, protejan a los residentes y eviten un mayor deterioro del orden público. También fue prohibido inmediatamente el uso de motocicletas en las tres jurisdicciones.
Sin embargo, ni siquiera las restricciones han conseguido apagar completamente el temor. Habitantes de las comunidades continúan denunciando disparos y posibles amenazas, mientras crecen las preguntas sobre la capacidad de las fuerzas de seguridad para detectar a los atacantes antes de que entren en pueblos, asesinen civiles y desaparezcan. Para muchos cristianos de Plateau, vivir, trabajar o congregarse ocurre ahora bajo una sensación permanente de peligro.
Nigeria enfrenta así una escena dolorosa: creyentes asesinados, comunidades aterrorizadas y autoridades obligadas a restringir la libertad de miles de personas para intentar contener la sangre. Sigamos clamando por justicia a favor de los perseguidos.